Método auma para decidir la electrificación del calor de proceso antes de pedir presupuestos.
Cada vez recibimos la misma pregunta en plantas muy diferentes: «¿nos interesa electrificar el calor de proceso?». La respuesta honesta es que no depende de la tecnología. Depende de tres números que se pueden calcular en pocas semanas con datos reales de la planta. Hacerlo antes de pedir presupuestos ahorra decisiones caras — especialmente ahora, con la subasta de calor industrial del Fondo de Innovación europeo admitiendo proyectos de más de 10 MW a partir de 80 °C.
1. El salto térmico real, no el del catálogo
El primer número no es la potencia: es la diferencia entre la temperatura de la fuente fría disponible y la temperatura útil que exige el proceso. Este salto es el que fija el coeficiente de rendimiento (COP) alcanzable en condiciones reales.
En aplicaciones industriales, las bombas de calor trabajan habitualmente con COP de entre 2 y 5. Cada 10 °C de salto térmico adicional los erosiona de manera notable. Por eso lo primero que miramos no es la caldera que se quiere sustituir, sino si en la planta hay calor residual a 40-60 °C que hoy se disipa: refrigeración de compresores, condensados, efluentes industriales, aire de extracción o agua de refrigeración. Sin una fuente fría decente, el proyecto nace cojo.
Un error frecuente es aplicar la temperatura de diseño del proceso en lugar de la que realmente necesita en la entrada. Un proceso a 90 °C puede recibir alimentación a 65 °C si se integra recuperación previa. Este tipo de orden es, a menudo, la diferencia entre un proyecto inviable y un proyecto rentable.
2. La ratio de precios electricidad/gas, no el precio de la electricidad
El segundo número es una división. El COP mínimo para empatar con una caldera de gas es, aproximadamente, el precio de la electricidad dividido por el precio del gas y multiplicado por el rendimiento de la caldera.
Con electricidad a 110 €/MWh, gas natural a 35 €/MWh y una caldera al 90 %, el umbral es un COP de unos 2,8: por debajo de ese valor, se pierde dinero cada hora de funcionamiento. La conclusión práctica es que el proyecto se gana o se pierde tanto en la contratación energética y en el perfil horario como en la máquina.
Dos factores mueven este umbral a favor de la electrificación año tras año: el coste creciente del CO₂ del gas dentro del régimen de comercio de emisiones (y, a partir de 2027, dentro del EU ETS 2 para los combustibles fósiles no cubiertos hasta ahora), y la disponibilidad de energía renovable a precios bajos en determinadas horas del día. Aprovechar las horas solares con integración de autoconsumo o contrato PPA cambia radicalmente la viabilidad.
3. Las horas equivalentes de funcionamiento
El tercer número es el que suele decidir la inversión: horas anuales a carga útil. Una bomba de calor de alta temperatura tiene un CapEx específico muy superior al de una caldera de gas equivalente, y sólo lo amortiza si trabaja muchas horas.
Por debajo de unas 3.000-4.000 horas equivalentes anuales, casi siempre es mejor empezar por recuperación de calor pasiva, integración térmica del proceso (pinch analysis) y control avanzado, y dejar la electrificación para una segunda fase cuando el perfil operativo lo justifique. No es renunciar a la electrificación: es ordenar las inversiones para maximizar el retorno.
Por qué vale la pena hacer los números ahora
La subasta de calor industrial del Fondo de Innovación ha seleccionado 65 proyectos en la última convocatoria, 24 de ellos en España. La convocatoria 2026 admite bombas de calor con COP superior a 1,5 en proyectos de más de 10 MW a partir de 80 °C — un umbral técnico accesible para un abanico amplio de sectores: químico, agroalimentario, papel, textil, tratamiento de fangos.
A esto se añaden las líneas estatales: el Programa INNOVAE 2026 con 115 M€ para proyectos singulares de ahorro energético industrial, los certificados de ahorro energético (CAE) recientemente impulsados por el RD-ley 7/2026, y las deducciones fiscales por inversiones en eficiencia. Las ayudas son reales y están abiertas.
Quien llega con el balance térmico hecho, el salto caracterizado y las horas contadas se presenta con un proyecto defendible. Quien llega con una estimación de catálogo, no.
Cómo lo hacemos desde auma
En auma auma hacemos este ejercicio como lo que es: ingeniería de datos y de proceso antes que decisión de inversión. Balance térmico completo, curva de demanda de calor por nivel de temperatura, inventario de fuentes frías disponibles y caso base económico con sensibilidades a precios energéticos y a horas de funcionamiento.
Sin producto propio que colocar: los 33 años de independencia nos sirven precisamente para poder decir «aquí todavía no toca» cuando los números no aguantan. Nuestros clientes nos contratan precisamente porque entre la presión comercial de los fabricantes y la voluntad de descarbonizar del comité de inversiones hay un espacio que sólo se ocupa con rigor técnico y medida independiente.
Si tienes una decisión sobre la mesa, empieza por los tres números. Si queréis, podemos hablarlo.